Iraida Durand López.
Quiero dedicar éste, mi primer blog, a un ser humano muy especial.
En el año 2008, tuve el honor de conocer a Iraida María Durand López, nacida en Mayo de
1950, venezolana, madre y abuela, socióloga, muy inteligente, contralto, feminista
“teórica” como ella misma decía, apasionada, amante del teatro, reflexiva, noble,
generosa, solidaria con sus amigos y con valores éticos inmutables.
Iraida
fluía entre la música, la docencia y la literatura, de una manera natural.
Podía hablarte de cualquier tema con propiedad, luego de una metódica y
sostenida investigación.
Iraida
tenía muchísimos dones, entre ellos el de conectar a las personas más disímiles
entre sí, logrando que construyeran puentes naturales, usando como cimientos
sus sueños personales. Tenía amigos de todas las edades, colores y sabores. Sus
distintos grupos eran muy importantes para ella y formábamos una red sólida de
intercambio experiencial, que le era vital. Su solidaridad era incondicional.
Ella daba lo que no tenía o hacía lo necesario para que estuvieras mejor. Le encantaban
las “conversas inteligentes”, sobre todo a la orilla del Mar Caribe. El oleaje
y el abrazo refrescante de la brisa marina eran uno de sus mayores placeres. Siempre
me sorprendía verla de pie, por horas, frente al mar, reflexionando o
sencillamente contemplando, en un acto privado y solitario que sentías debías
respetar.
La
justicia era un valor clave para Iraida. Le indignaban la pobreza, la
humillación, el maltrato, los juicios sin fundamento, la indolencia y la falta
de sensibilidad humana. Era amante de la naturaleza y los animales,
especialmente de su gato Francoise, a quien cuidaba y alimentaba como un ritual
importante del cual era merecedor.
Ella
tenía un espíritu emprendedor, le gustaba la innovación en todo lo que hacía y
era persistente en sus emprendimientos personales o profesionales. Ser espectador
de los procesos creativos de Iraida, bien sea escribiendo un libro, creando un
curso, apoyando una causa social o coordinando un evento para la coral
Gaudeamus o el Polifónico Rafael Suarez, era una clase magistral en sí misma, y
a pesar de sentirte muchas veces abrumada, siempre lograba su objetivo con
éxito, pues su motivación principal era el bien común.
El
apartamento de Iraida en la Urbanización La Carlota, en Caracas, era un hogar amoroso
y nutritivo para todas las personas que quisieran entrar. Ella sólo exigía un
deseo honesto de querer compartir una canción, una experiencia interesante, un
chiste, una reflexión política o un postre, eso sí, con Chinoto o 7up. Esto era
especialmente verdadero en Navidades y Año Nuevo. Iraida amaba la Navidad.
Disfrutaba mucho decorar su casa y se esmeraba en que todos los detalles
crearan un ambiente festivo pero también religioso. Cantar juntos villancicos,
aguinaldos o boleros eran un acto seguro. Cuando ella sacaba el Cuatro de su
cuarto y rasgueaba las cuerdas en un rápido movimiento inicial, sabíamos que
los siguientes minutos serían inolvidables.
Iraida nos anunciaba reiteradamente
el día que adornaría el Árbol de Navidad con sus nietas. Su expectativa era
como el de una niña, esperando con entusiasmo recibir el regalo de disfrutar de
ésta ceremonia anual con Alana y Avril.
Iraida
era el "hada madrina" de grupos diversos como intelectuales, docentes,
coralistas o políticos. Trabajó durante muchos años en la Alcaldía de Chacao y
con orgullo contaba sus experiencias formando venezolanos que querían crear un
país más adulto, responsable y tolerante. Iraida amaba a Venezuela, y podía
contarte su historia, sus comidas, sus costumbres y su cultura, producto de sus
múltiples viajes asesorando empresas y capacitando personal en todos los
rincones del país.
Mi
amiga Iraida nos dejó en Febrero 2019. Tuvo un ACV en Mejico, país al cual tuvo
que emigrar hacía apenas 5 meses, junto con 2 de sus 3 hijos, porque la
situación de Venezuela, su país amado, le resultaba demasiado dolorosa, y luego
de 4 días dejó éste plano, para sorpresa y profunda tristeza de todos sus
familiares y amigos.
Este
hecho me puso a reflexionar sobre lo pasajera que es la vida física. Un día
estás y otro no. Y se nos pasan los días preocupados por cumplir lo que
consideramos nuestras obligaciones, abrumados, estresados o en “piloto
automático” y tendemos a olvidar que también es necesario “abrir espacios” para
crear realidades más amables con familiares y amigos, compartiendo momentos
relajados, actividades recreativas, artísticas, deportivas o simplemente nutrirnos
en una charla banal alrededor de una buena comida.
Pienso
que los amigos son reflejos de partes nuestras, invitándonos a decidir quién quiero
ser y quién no. Aprecio y honro la Iraida - persona que estuvo y siempre estará
en mí, y espero de corazón haber contribuido a darle una mayor felicidad en ésta
aventura de su vida que compartimos juntas. Iraida era un modelo a seguir para
todos los que tuvimos el placer de conocerla y tuvimos el honor de que ella nos
permitiera ser parte de su vida, por lo cual le dedico ésta elegia.
Quiero
finalizar, reproduciendo el poema que ella misma escribió en 2014, como cierre
de su autobiografía pre titulada “La Vida es mi Reto”, aún inédito, porque
refleja su hermoso ser interior. Lo comparto con uds. y espero puedan reconocer
en éstas palabras, su espíritu amoroso y compasivo. ¡Gracias my friend!, porque
el mundo es más generoso y yo soy un mejor ser humano gracias a ti.
Valoro y Doy Gracias
·
Porque todavía respiro y me muevo por decisión propia.
·
Porque soy capaz de hacer mis elecciones.
·
Porque soy capaz de sentir miedo y reconocerlo.
·
Por sentir el impulso de la búsqueda, cuando es necesario.
·
Por llenarme de ilusión, haciendo el esfuerzo de no fantasear demasiado.
·
Por la capacidad de pensar, aunque por momentos me agobien los
pensamientos.
·
Porque tengo la capacidad de llorar cuando siento dolor por mí o por
otros.
·
Por reconocer la rabia, la impotencia ante lo injusto de la vida o de la
muerte, aunque por momentos parecieran lo mismo.
·
Por apreciar la oportunidad de dar y recibir afecto y el contacto
profundo que de él se genera.
·
Por apreciar un beso, una caricia y respirar al unísono con otro cuerpo
para ratificar que estamos vivos.
·
Por la duda y la incertidumbre, por cuanto ellas me mueven a tener fe,
confianza en Dios y en la sabiduría del Universo.
·
Por la música de adentro, esa que surge de lo más profundo cuando me
conmuevo o cuando vivo lo que me corresponde.
·
Por mi fuerza interna, que, aunque soy humana, a veces me flaquea.
·
Doy gracias infinitas por mis hijos y nietas, no sólo por ser la
prolongación de mi sangre, sino por lo que han logrado ser como personas y
porque para mí, representan la vívida expresión del amor.
·
Por las oportunidades y pruebas a las que la vida me somete, cada día,
cada hora, cada minuto, y el aprendizaje que de ellas se deriva.
·
Y finalmente, porque aprecio y valoro a Iraida, quien todavía lucha por
ser lo que decida ser y porque a la larga, es lo único y mejor que tengo.

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